Como cuando crees que no lo vas a lograr…

Tengo varias anécdotas sobre cuándo he preferido seguir mi instinto, seguir mi voz interna que ser como los demás y cuando hablo de los demás me refiero, y aquí retomo un poco de la publicación anterior, ser del tipo de estudiante que sobresale con las notas o que lambonea con la facultad. Aclaro, no tengo problema con aquellas personas, tuve compañeros muy cercanos que se acercaban a esa descripción y compartía con ellos ratos muy agradables, incluso, inmemorables, simplemente no estoy de acuerdo con ese pensar, no lo comparto y por tanto no lo vivo. Total, les contaré una de esas anécdotas que no voy a olvidar y que me hicieron entender, aun más, que una nota no define tu éxito, ni tu sabiduría, ni siquiera lo que ellos (la academia) pretenden que tú aprendas.

El último año de estudio se asignan prácticas profesionales y estaba la opción de escoger entre una o dos especializaciones de la Psicología (clínica, social, organizacional, educativa, etc.). En mi caso decidí hacer un primer semestre en Psicología Social o de las Comunidades (esta práctica también dejo huellas que más adelante les contaré) y el siguiente quería mis práctica en Psicología Organizacional o de las Empresas. En esta última disciplina era en la que me quería centrar y finalmente dedicar, por eso la escogí para terminar. Además, quería aprender más de la Psicología Social, pues es una práctica que también encontré me apasiona.

Para empezar, les voy a hablar de ese último semestre. Quiero contarles que sufrí encontrando mi práctica porque se supone que la universidad era la que te ubicaba y era la época de diciembre y enero, en enero entrábamos a estudiar, finalizando el mes. Pasó Año Nuevo y nada que me llamaban de las empresas a las cuales me había inscrito, así que llamé a la universidad para saber qué había pasado. No hubo respuesta, empecé a buscar por mi cuenta y tuve un par de entrevistas a mitad de mes y finalizando enero no pasaba nada. Entramos a la universidad, todavía se cursaba una o dos materias más, tipo seminario, y nada. Ya preocupada porque se debía hacer un trabajo relacionado con la práctica y desde el “día uno” empezaron con las normas y directrices. Yo tenía asignado un profesor como asesor y asistía a las asesorías tomando nota pero no había nada que pudiera adelantar sin un puesto. Pasó casi un mes de haber estrado al semestre y por fin conseguí la práctica, de hecho recuerdo tres compañeras más que estaban en la misma situación.

Por el sector económico de la empresa, me tuvieron que cambiar de asesor y esta es la persona que no podré olvidar, ella es una de las lecciones más grandes de mi carrera, no fue precisamente por sus enseñanzas sino por sus acciones. Nos reuníamos una vez por semana en la universidad en horario (casi segura) de 8 a.m. a 12 p.m. para varias cosas: hablar sobre el proceso que estábamos llevando a cabo en las prácticas, resolver dudas y demás, mostrar los adelantos del trabajo que se nos pedía sobre la práctica y el asesor nos daba unos estudios y casos para leer y discutir durante la asesoría. No recuerdo cuántas personas en total éramos en el grupo, pero podríamos haber sido unas 6 a 8 personas.

Octubre de 1992
Ellos son mi todo, mi apoyo, mi soporte, mi gratitud, mis fallas y mis logros, mis defectos y cualidades, mis fortalezas y mis debilidades. Ellos son lo más presente en mi vida y a quienes les debo mi vida y más.

Antes, quiero contarles que era de las que procuraba llegar temprano, solo una vez llegué tarde, fue por un incidente, todos los documentos que nos dejaban los leía y participaba de la clase porque me gustaban los temas a debatir o analizar, me resultaban interesantes y muy útiles para las prácticas. Por otro lado, en ese grupo era la única que había empezado las prácticas después de casi un mes de haber iniciado clases que recuerdo me habían dado plazo de una semana más, a diferencia del resto, para hacer la entrega del primer avance del trabajo de prácticas.

Ahora, les voy a contar una serie de sucesos que casi me llevan a perder mi último semestre de pregrado.

Primero les cuento que la práctica la hice en una empresa que estaba pasando por una crisis financiera a razón de la caída en el precio del petróleo. Mi cargo fue como Practicante de Psicología y me encargaron para apoyar el área de Selección y de Desarrollo, tenía dos jefes pero para la práctica de la universidad solo respondía uno, el Jefe de Selección. Llegó la semana para la entrega del primer avance del trabajo sobre las prácticas, yo llegué tranquila porque todavía tenía una semana para hacer mi presentación, y, de todas maneras, no tenía el tema bien definido porque mi jefe no tenía claro en qué podía intervenir para mejorar algún proceso de selección y yo menos porque llevaba apenas dos semanas en la empresa. Estaban llamando nombre al azar y de repente, al tercer llamado, escucho mi nombre. En ese momento me pasó un frío por el cuerpo, pues no me lo esperaba y miré a mi asesora con cara de confundida y le dije que no lo tenía. Ella me miró más bien decepcionada y me dijo que recordó que esa era la nota del corte y que tendría cero. En ese momento no dije nada, preferí esperar al finalizar la sesión para acercarme a la asesora y recordarle en lo que habíamos quedado. Al parecer yo estaba equivocada y tenía el tiempo suficiente para haber hecho la primera entrega.

¡No entendía nada! Cómo iba a tener tiempo suficiente si en dos semana de llevar en la empresa, tres días fueron de inducción y dos de entrega del puesto, que de hecho fue una entrega completa de la Psicóloga porque ella salía a su licencia de maternidad, esa entrega para mí no fue de una práctica sino fue un cargo como profesional, solo que el título del contrato era diferente. Sin perderme, en eso se fue una semana, la siguiente fue desastrosa porque había auditoría y la documentación de Selección no estaba completa por lo que fue a lo que me dediqué casi que esa segunda semana. Para cuando me tocaba “supuestamente” presentar mi trabajo no sabía qué debía hacer, no conocía todavía los procesos de selección de la empresa, a duras penas había hecho preselección de hojas de vida y llamadas para citar a los candidatos. El tema debía ser coordinado con mi jefe y él tampoco sabía por dónde podíamos empezar. La semana siguiente habíamos quedado en sentarnos a meditar el asunto.

Empezando el semestre ya veía grave el asunto, porque empezar con un cero es casi que perder la materia. Igual, como dije, no sirvo para lamer zapatos y no moriré por una nota, hice mis cuentas y calculé cuánto debía sacar en los dos cortes siguientes y pasar la materia. Pero justo en medio del segundo corte, tuve un incidente, no lo llamo accidente porque no fue al azar, fue un sincero descuido de mi parte. Estoy casi segura que los días de la asesoría eran los martes, no se relevante el día jajaja, pero sí es relevante el que no fuera lunes, ya les cuento por qué. Para ir al trabajo, yo debía llegar a la oficina a las 7:30 a.m., pero en ese tiempo estaba full de trabajo que estaba llegando a las 7 en punto para no salir tan tarde, prefería madrugar. Los martes que iba a la universidad debía entrar a las 8 por lo que las alarmas que tenía como despertador variaban de lunes a martes. Para llegar a la oficina me demoraba media hora desde mi casa, es decir, me levantaba a las 5:30 a.m. y salía a las 6 de mi casa. Para llegar a la universidad me demoraba casi una hora y mi alarma sonaba a las 6:20 a.m. y así poder salir antes de las 7 para llegar a tiempo.

El caso, ese lunes trabajé hasta tarde, recuerdo haber llegado a mi casa casi a las 8 de la noche y debía terminar una parte de mi trabajo de grado (diferente al de la práctica), que era en grupo y debíamos adelantar también para su entrega. Me acosté pasadas la 1 de la mañana y al otro día no escuché la alarma, no fue sino hasta pasadas las 7 de la mañana que algo dentro de mí me despertó. Viendo que ya estaba la mañana muy clara me asusté, vi el reloj y salte a la ducha, me vestí y salí corriendo a coger el transporte. Llegué a la asesoría a las 9 de la mañana, sino más tarde, y debo decirles que en Bogotá no te puedes demorar ni 5 minutos más en salir porque el tráfico se pone muy pesado por lo que ya no era una casi una hora en llegar a la universidad sino más de una hora para llegar.

Cuando llegué lo primero que me dice la asesora es que por qué había llegado tan tarde, sin ánimo de ofender y con una sincera disculpa dije que me había quedado dormida. Sé que pude haber dado una excusa más audaz pero en realidad sentía vergüenza y culpa que prefería disculparme realmente por lo que era. Pero, a ver, la gente odia la sinceridad. Entiendo la molestia de la profesora, su disgusto y de verdad no era mi intención faltarle el respeto a nadie pero primero, debía entrar a la asesoría, prefería la llegada tarde que la ausencia; y dos, mi interés por la temática, las dudas que debía resolver y lo útil que me parecía la asesoría no me iban a dejar quedarme fuera de ella. Al salir de la asesoría pensé en disculparme nuevamente, pero solo con ver la cara de la profesora preferí dejar el momento y pensé que tal vez pasaría por alto este incidente.

Esas dos situaciones casi me cuestan mi semestre…

¡Vive con tranquilidad!

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