No sabía que la palabra éxito era sinónimo de millonaria…

Con esto retomo parte de la publicación anterior. Quiero contarles que la entrevista que tuve en la siguiente universidad fue curiosa. Para la entrevista me pidieron los resultados del examen de estado de bachiller que, en general, estaban en el promedio pero en temas de Biología estaba por encima. El profesor que me entrevistó (además debo decir que mi entrevista fue de las últimas, casi iniciando el semestre eran los últimos cupos) me mira y me pregunta qué tal me sentía con la Biología, a lo que yo respondo que no me gustaba para nada. Fue lo más curioso de la entrevista, el resto fue poco relevante y, la verdad, poco lo recuerdo. Pero esa parte en específico sí porque durante ese primer semestre por lo menos dos materias tenían que ver con Biología.

Lo anterior me pareció curioso porque me di cuenta que nunca iba a estar conforme con el sistema. Me fue muy bien en Biología en mi examen de estado pero de verdad que no me gustaba para nada y cero relevante fue mi respuesta durante la entrevista como para profundizar en ella, lo importante era que parecía que me iba bien y punto. Igual no era un punto crucial para tomar una decisión de aceptarme o no en la universidad, sin embargo, desde mi perspectiva, era como si el fondo dijeran – “No importa que no te guste, veo que te puedes tener buenas notas, aceptada”. Casi la mitad de la carrera se debe ver algo de biología y créanme no fueron mis mejores notas.

A lo que voy, y no quiero perder el punto, es que no me siento conforme con el sistema, no en ese entonces y no ahora. Me encantaba que el discurso de la universidad, cuando estabas en la semana de inducción les encantaba decir que ahí te trataban como la persona que eres, te llamaban por el nombre y no por un número (al ingresar te daban un código de identificación). Eso me quedó sonando por un momento porque pensaba que debería ser difícil poder hacerlo. Sólo hay dos formas de que te traten por tu nombre: en la primera tenías que ser el de las mejores notas y con un promedio sobresaliente; el segundo, eras el lambón de la facultad. No era ni lo uno ni lo otro. Me gusta estudiar, de hecho, amo estudiar, pero no me mato por una nota, nunca pude, sé que eso también trae oportunidades y, para ser sincera, hubo momentos en mi vida en donde pensaba que esas notas me hubiesen ayudado para becas, cursos y hasta una mejor práctica profesional. Eso en definitiva no es lo mío, aprender para tener una nota máxima no es mi mayor motivación, nunca lo ha sido y ya después de haber pasado por un Diplomado y una Especialización, sigue sin serlo. Total, mi nombre fue conocido por aquellas personas con quienes compartí en clase y quedó en aquellas amistades que, estoy segura, durarán toda la vida. Lo cual, es más que suficiente para mí.

Cada que escribo llegan más recuerdos a mí y me encantaría contarles todas las veces en que, solo estando en la universidad, sentía esos momentos de inconformidad, de no encontrarle sentido a lo que te querían hacer ver, o dándote una visión errónea con tal de hacerte sentir bien. Te llenan de palabras bonitas para que te conformes, para que te sientas en el lugar adecuado. Quiero decirles que siempre fui un número para la universidad. Ibas a la biblioteca y “¿código por favor?”, facultad “¿código por favor?”, usuario “¿código por favor?”. Y no me malinterpreten, administrativamente un único código por persona es mucho más fácil, práctico, eficiente y demás, cuando manejas una universidad o colectivos de esa magnitud, claro está, una institución educativa no puede venir a decirte que te ve por tu nombre y por lo que eres cuando en realidad te ven por el código y las notas que te ganas, y eso es lo que me molesta. El populismo.

No me voy a desparramar más en el tema, no me daría el tiempo ni el espacio, muchas anécdotas tengo similares y en la próxima publicación les quiero compartir una situación en la que me he demostrado a mí misma que, en definitiva, me duele más seguir al montón que serme fiel. Serme fiel es algo que he venido fortaleciendo día a día, prefiero ser como soy y lo que soy, que ser lo que los demás quisieran que fuese.

27 de junio de 2012
Una de las cosas más bonitas que te deja la vida son las personas que llevas en el corazón, amigos de vida, que sin importar la distancia es como si estuvieran junto a ti. Personas que te aceptan como eres y te ayudan a crecer.

Para terminar quiero decirles que, aunque no era el lugar perfecto, fue lo que más se acomodaba a mis deseos y a lo que quería para mi futuro. Y aunque sea muy difícil de cambiar el sistema quiero intentar cambiar a las personas, ayudarlas a ser mejor y hacer lo mejor. Gracias a lo que he vivido, a lo bueno, lo malo y lo peor que me ha pasado es que hoy se lo que se, tengo lo que tengo, hago lo que hago, pero más importante, soy lo que soy.

¡Vive con fidelidad hacia ti mismo!

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